NATURALEZA DE LA LUZ


NATURALEZA DE LA LUZ
Ley de la refracción y reflexión en la vida cotidiana

12 PIEZAS (imagen real)
Impresión digital 30x40 cm
Torreón, Coahuila, 2018

Esto comenzó como un juego. O como una serie de pequeños delirios ópticos mientras caminaba por mi ciudad, Torreón, que a ciertas horas parece flotar en una refracción térmica constante. Me obsesioné con un ángulo. No un ángulo filosófico, ni moral, ni político (aunque tal vez sí todos a la vez), sino con el ángulo de incidencia de la luz. Quise perseguirlo como se persigue una idea o una visión, como en las novelas de detectives que terminan con el detective muerto y sin resolver nada.

La luz no es solamente algo que alumbra. No. Es una presencia que se tuerce, se curva, se fractura como la memoria. Así lo entendieron Snellius y Huygens, esos viejos herejes del pensamiento rectilíneo, quienes afirmaron que el frente de onda se desplaza como una frontera movediza. Y en esa frontera, me dije, hay imagen.

Este proyecto fotográfico no busca representar la naturaleza, sino construirla. Construirla con espejos, lentes, charcos, superficies curvas, y también con silencio. Trabajo con cuerpos reflexivos, cóncavos, convexos, con el agua, con el vidrio, con el sol a punto de caer sobre una pared. Trabajo con lo que me da la calle. Lo que me da el día.

Naturaleza de la luz” se fundamenta en las leyes de la refracción y la reflexión, sí, pero también en la sospecha de que toda imagen es una ficción. Lo que vemos no siempre es lo que es. La imagen real se forma en el ojo, pero la imagen virtual se forma en otra parte. No sabría decir dónde. Tal vez en la imaginación. Tal vez en el error.

Inspirado por el arte conceptual de los años 70, por los trabajos de Robert Smithson, de James Turrell, de los primeros experimentos de Gordon Matta-Clark, tomé la cámara como si fuera un bisturí o un nivel óptico. Quise interrogar no al objeto sino al acto de verlo. No al paisaje sino a la lente que lo enmarca. En ese sentido, mi fotografía se vuelve una especie de trampa. Una trampa luminosa.

Construí cada imagen como se construye una mentira piadosa. Medí la distancia (60 cm del objeto al lente), ajusté el punto focal, controlé la dirección de la luz: siempre de izquierda a derecha, como si se tratara de la lectura del tiempo. El resultado: doce piezas donde conviven la imagen real (reflexión) y la imagen virtual (refracción), como si fueran dos realidades paralelas que se cruzan sin tocarse.

Utilicé el viejo experimento del lápiz en el vaso, el haz de luz contra la rendija, el reflejo en la cuchara. La cotidianidad como campo de pruebas ópticas. Pero esto no es ciencia. Es una poética de la luz. Un ensayo sobre el presente suspendido en una superficie brillante.

Las imágenes son momentos detenidos, pero también son estructuras que se desmoronan. Porque al mirar lo visible, también aparece lo invisible: la distancia, el tiempo, la alteración mínima del ángulo que convierte una certeza en una ilusión. Y eso me parece profundamente contemporáneo: una imagen que se sabe inestable, un artificio que confiesa su truco.

Objetivo: Producir una serie fotográfica desde la construcción misma de la imagen, basándome en las teorías de Snellius y Huygens, pero también en el desconcierto del ojo moderno. Explorar la incidencia de la luz no como fenómeno físico solamente, sino como experiencia subjetiva, como gesto artístico, como forma de interrogar el mundo. Y, quizás, contribuir a una poética visual que entienda que toda fotografía es, al final, un fenómeno óptico y un poema no escrito.


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